miércoles, 18 de junio de 2008

RELATO... PARA QUE LO PIENSEN BIEN

FREUDIANA


- ¿Por qué eligió ser psicólogo?
- ¿Acaso importa?
- Si, bah… no sé. En realidad, no… y sí, también ¿vio? Usted me conoce. Una gran cantidad de problemas endometriales de mi marote se deben a que es como que sé pero a la vez no sé… ¿Me explico?
- Y… si Usted no lo sabe… qué se yo, Martínez.
- ¿Cómo que “qué se yo”? ¿Esa es la respuesta brillante a mi dilema? ¿La conclusión a la que arriba tras dos semanas y tres años de auscultación exhaustiva de mi gnosis no cognisciente?
- Tranquilo, hombre… no se altere y escuche. Todos los pasos de la terapia que durante todo este tiempo hemos pasado, tienen sus tiempos. De esa manera, el trabajo que Usted y yo hagamos podrá adecuarse, si se quiere, a los tiempos que su inconsciente requiere para irse depurando ¿vio? para ir aflojándose la barrera represora que sus propios mecanismos y estructuras de defensa han ido montando, y que sólo logran que no se domine, no progrese en la vida, y lo terminan bajoneando, Martínez.
- Y si el inconsciente, con la barrera represora, los complejos arquetípicos, las pulsiones y toda la bazofia esa, sigue siendo un inconsciente… ¿Cuánto tiempo le toma al Yo que es consciente, contactarse con el Ello, mandarle un SMS al Súperyo, y volver a ser consciente?
- Mire, Martínez. No se trata de una fórmula matemática la terapia. Todo paciente tiene su tiempo, porque, al igual que Usted, todas las personas tienen sus propios tiempos psicológicos, y por ende, sus inconscientes son distintos.
- ¿Y si no me curo nunca, Doctor?
- El inconsciente no es ninguna enfermedad, Martínez. No se cura. Uno puede, mediante el tratamiento, resolver muchos conflictos internos, cuya, perdonando la expresión, razón de ser, se encuentra en el inconsciente ¿Me explico?
- Se explica Doctor. Pero, si reviso ahora lo que he resuelto de mi vida en estos años… me vuelvo loco.
- A ver, Martínez. Haciendo algo de memoria ¿Qué resolvió?
- Uhmmm… Dejé de persignarme cuando veía el gato negro de mi vecino… no digo mis “palabras mágicas” antes de acostarme con mi mujer… no camino por las baldosas de la vereda del Banco Nación en puntitas de pie… no me lavo las manos cuatro veces antes de salir y ocho veces al volver de la calle… y, hasta ahí llegué, Doctor.
- ¿Le parece poco, Martínez? Piense que cada acto que Usted realiza, o que realizaba, con esos ritos, compulsiones, y ejercicios casi obsesivos/compulsivos, tiene un significado que respondía a una necesidad o carencia de sentido y respuesta propios de su inconsciente. En otras palabras, el que Usted ya no haga esas y otras cosas, implica que puede controlar su propia responsabilidad, consciente, de ayudarse a sí mismo, Martínez.
- Pero igual me siento como el culo, Doctor.
- Considero que es un trance… aceptable de adaptación, Martínez.
- ¿Es bueno sentirme como el culo, no poder dormir, llorar sin motivo, tener necesidad de gritar desde la terraza, Doctor?
- ¡Obvio, Martínez! Piense que, aunque la superficie de su realidad consciente no lo note seguido, su subconsciente ha ido siendo… “tocado”, removido, auscultado, Martínez. Si bien es posible que los dilemas esenciales de su vida, aún no se hayan resuelto, el despertar los basamentos de algo muy profundo, muy hondamente aferrado a su Ello, hacen aflorar muchos sentimientos o sensaciones: culpa, miedo, angustia, inseguridad, puede que incluso surjan nuevos mecanismos de defensa ante los cambios que lleven a su mente a crear mecanismos represivos adicionales temporales y adquirentes.
- Y eso… ¿Cómo se relaciona con lo que me pasa? ¿Qué carajo tiene que ver?
- A ver, Martínez… Es probable y entendible que sienta culpa por derribar los mecanismos de su mente. Piense que, en definitiva, los mismos han sido una creación que, conscientemente ahora, ya ha descubierto que le son suyas, de su propiedad.; es lógico imaginar que no se suele matar al perro que se tiene, por mas malo que sea, porque nos pertenece ¿Me explico?
- Si, va bien, Doctor.
- A su vez, su subconsciente, profundo y repleto de insondables elementos y prácticas pseudo instintivas, que en definitiva han sido mal aprehendidas por Usted, tiene aprisionadas muchas verdades, temores oscuros y vergonzosos, tretas que se ha diagramado para sí mismo. El subconsciente, que no es mas que el resultado del Ello que ha ido formando en esencia la parte no consciente del Yo con las reacciones y libelos de aprendizaje mas instintivos, con sus mil vericuetos y mecanismos de organización y estructuración de su ser, inclusive su ser cotidiano, reacciona al movimiento de sus bases con un sentimiento de angustia o de temor inexplicable.
Es racional, y razonable, que impere en Usted el preciso y coherente acto de la Observancia. Revea Usted mismo cómo es que la angustia lo puede, cómo el miedo le impide avanzar y progresar para convertirlo en una bazofia humana, Martínez.
- ¿Qué me propone entonces, Doctor?
- Primero, que se mentalice que su angustia es normal y se justifica en tanto su mente aún no se ha depurado de la manera que se quisiera, pero está sintiendo el paulatino ir y venir del trabajo de introspección y análisis terapéutico. Luego, debe saber que es perfectamente normal que la angustia se presente, debido a que Usted está, figurativamente hablando, cometiendo un lento pero necesario recambio en las formas de aprendizaje y estructuración de la mente, lo que para el inconsciente vale como un suicidio de la necrognosis. Usted, comienza a quitar la “carne muerta”, lo que no le sirve y le jode la vida, lo que le afecta hasta en la pelotudez más cotidiana, Martínez… y eso es bueno. Despreocúpese y déjese llevar por el camino de la terapia, si quiere resolver de a poco y con sus tiempos, los dilemas que Usted pueda llegar a resolver.
- Me pregunto entonces qué me pasará con lo que no pueda ir resolviendo, Doctor.
- Usted no se preocupe que vamos muy bien con la terapia. Igual, es sabido que nadie soluciona todos sus problemas, porque, primero, no se ha descubierto forma alguna de analizar todos y cada uno de los elementos constitutivos del inconsciente / subconsciente; segundo, le llevaría toda la vida tratar de no enloquecerse en pos de lograr lo antes mencionado, y le impediría vivir, disfrutar de lo cotidiano, hacer y planificar hasta lo mas sencillo si se quiere, Martínez.
- Entonces, fuera de joda, no existe una solución segura ni perfecta para nada de lo que me pasa, Doctor.
- Tranquilo, Martínez, porque es normal que su fatalismo resurja ante estos descubrimientos.
Igual, por hoy… dejamos acá.

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