miércoles, 22 de octubre de 2008

HISTORIA BREVE II

Hay que Sentarse en el Agujero Interior

Roger tenía dos guardias muy apuestos y bien vestidos para la ocasión especial que a él tenía como protagonista. Lo habían esposado, sacado de su celda –la número 38, por si a algún aficionado a las quinielas le interesa saberlo- lo habían conducido por el pasillo lateral del Ala 2, y finalmente lo habían dejado en las buenas manos de Mark, el Jefe de la Sección Ejecuciones, quien amistosamente lo convenció que pasar a ser el mono de circo del espectáculo de la muerte, que aguardaban impacientemente 80 testigos de la resolución judicial, era la mejor opción… dolor y consecuente sangrado de la nariz mediantes.
Una vez en la cámara de ejecuciones, que como era costumbre en el Condado de Westville se encontraba totalmente vidriada y separada por un vallado bajo de hierro del resto del auditorio, Roger tuvo la certeza al mirar a su verdugo, de que perogrullesca y estúpidamente no iba a morir, al menos de momento.
La gente que copaba el auditorio, rugía y hablaba de diversos temas ya que, la muerte próxima del bolchevique de turno era ya uno mas de los temas que podían las familias decentes de Charleston dirimir entre amigos o en alguna reunión familiar los domingos de la calurosa primavera, algo así como: “¡Hola John! ¿Cómo estás? ¿Siempre usando esa corbata arrugada para ir al bar de Louis, eh? ¿Viste ayer a los Apalachees apalear a los Medias Rojas? ¡Increíble, cuatro Home Runs en sólo media hora! Casi tan patético como el idiota de Billy Marciano friéndose los sesos anteayer. ¡Nunca vi a un comunista chillar tanto desde que frieron los sesos de Gregory Sullivan el año pasado, ja, ja, ja! Una pena que por tener que ver a ese imbecil me perdí el cuarto de hora libre de almuerzo en la fábrica…” Ya sabe, cosas por el estilo.
Decir auditorio, en este caso, sería mas acertado que expresarse diciendo público ya que, si bien en ambos casos se trataba de gente que asistía al evento, los moribundos suelen empañar con el sudor caliente el vidrio y lejos de verlos, las personas tienden mas a vitorear sus últimos y desfallecientes aullidos.
Volviendo a Roger, éste, luego de que se le desataran los botines y se le quitara cualquier elemento de goma, caucho, o factible de impedir la libertad de correr libremente sin censuras que tiene la electricidad por los cuerpos judicialmente destinados, se encontró felizmente situado junto a una especie de asiento de avión muy incómodo. Esperándolo con una no visible pero sostenida y muy perceptible sonrisa, estaba el encapuchado o, en la jerga carcelaria, La Parca. Parecía del Ku Klux Klan, con su capucha cónica… negra, como aquella calurosa noche. Algo le decía a Roger que la muchedumbre que arrojaba palabras certeras como Comunista de Mierda, Rojo Marica, Siervo del Diablo Rojo, Traidor, Miserable, Maldito Miserable, Maldito Puerco Miserable y Gusano Hereje, y otras delicias mas, no lo apreciaba demasiado que se dijera. Aunque ser popular entre los sureños no era su razón de vivir precisamente.
Los fusibles saltaron por vez primera. Era la señal que aguardaba el “freidor de sesos” para obligarlo tiernamente con un escupitajo recto y directo al rostro a que se sentara en el trono de la muerte.
Luego del prolegómeno, que incluía las palabras del reverendo Le Fleur, el atado firme e inmovilizante de piernas, pies, manos y brazos, y el trato cordial y siempre bien ponderado de los guardias de turno, Roger Travis decidió hablar antes de que se le introdujera el absurdo protector bucal (¿Por qué alguien que va a morir electrocutado necesitaría un protector bucal? ¿A quién mierda le importaría preservar sus dientes?).
- Pronostico que no moriré electrocutado este día. No sólo porque la palanca se atascará, sino porque Dios sabe que soy inocente. Es mas… probaré mi inocencia acerca de los cargos que se me imputan alegando que el Señor me salvará, como a Daniel de entre los leones del foso -
Silencio de muerte en todo el lugar.
Súbitamente, mientras tanto el reverendo Le Fleur como el Jefe de Sección y la mitad de las personas invitadas al feliz evento vociferaban maldiciones contra el hereje y sucio bastardo comunista que blasfemaba como un cerdo pecaminoso (o al menos algo por el estilo), la otra mitad –debido al conocido cristianismo devoto, casi fanático, de Charleston- se acongojaba, se persignaba, rezaba velozmente unos Glorias y Padrenuestros para conjurar el Mal o para pedir por el alma extraviada del futuro muerto.
El caso es que, tras un silencio que se produjo con dificultad en el lapso de más o menos quince minutos, la sentencia fue a ejecutarse… sorpresivamente.
Sin explicar si era la falta de fuerza o qué motivo, el verdugo no pudo bajar la palanca para permitir el paso de la corriente a través de los cables principales alojados en la columna vertebral de Roger. La palanca, como éste predijo, parecía atascada.
Si bien el artefacto se desatoró y la gente suspiró aliviada (y no porque les fuera a pasar nada a ellos), un guardia comprobó que los fusibles que debían en ese instante estar permitiendo la libre circulación de electricidad por el cuerpo de Travis, estaban quemados por completo, fundidos, o recalentados… Roger no podría ser electrocutado allí.
La gente enmudeció con la noticia. Hubo cabezas gachas y sombreros quitados de las cabezas. Los guardias y hasta el Jefe de Sección comenzaron a preguntarse cosas. Quizá Roger quería o de hecho, iba a ser salvado por nada más ni menos que el Señor en persona. Quizá Dios había establecido, por otro de sus misteriosos caminos, que la inocencia del comunista a ejecutar fuera evidenciada por la comunidad. Tal vez Roger era algo así como un elegido o protegido de Dios, por alguna razón que los mortales no podían comprender.
Quizá, mientras Mark ordenaba que, hasta que se sustituyeran o arreglaran los fusibles y circuitos del artefacto, Roger Travis sería devuelto a su celda, nadie se diera cuenta que la sonrisa franca y alegre del casi muerto se justificaba con un par de tuercas y un cable corto y medio pelado que retenía en su mano izquierda, muy recientemente arrancado.
Probablemente nadie hubiera predicho, ni el mismo Travis, que el reverendo sacaría un arma de entre las ropas del guardia a su izquierda y ante todos los testigos habidos y por haber le asestara cuatro balazos en el pecho al condenado y dos a la pared por falta de práctica, dejándolo morir casi al instante con su sonrisa de liberadora vida nueva aún flotando en su cara ensangrentada. Mucho menos, alguien hubiera dicho que en algún instante el reverendo Le Fleur, siempre tan flemático y amoroso, exclamaría luego del anonadante homicidio que si alguien tenía que confesar que en verdad había oído el llamado liberador del Señor, era él.
CODE

I just need to touch you
I only have to blend you
On your knees… at me.
I just need to let you
Make me your slave to you
Just for fun… it could be.

I have to let you understand
My tricks to enjoy in the sand
Without fears… just being bad.
I have to make simply stand
Bending your love like in a band
Do not run… I’m being bad.

I should convince you about
The right way to make you freak out
Getting you here… by my side.
I should treat you well and without
False reasons to knock out
Your lovely sun… at your side.

I realize we can enjoy the night
Spending our time together in a fight
Of accused tears… diving around.
I realize we can’t lose in sight
All the power in our kisses tonight
And the promise done… love is a sound.

Don’t try to miss my code
I’ll make my love touch you
Every little part of your body’s ode
I’ll thank God just for know you.

I’m so glad to teach you
A thousand ways to kiss you
From your ears… to your feet.
I’m so happy discovering you
Leading my mouth across you
When I’ve gone… I’ve couldn’t it?

I’m surprised of all your skills
Of your naughty and lovely wheels
Roaming on here… making a glove.
I’m surprised and proud of my bill
It’s the best way your tongue is still
Licking… making love.

Code, code, code
Code name in a rainstorm
Code to spell out loud and inform
Code, code of high pleasure dome
Code for every touch indoor
And a code to make love by our own.
Even If I…

The night is cold and I have nowhere to go
The moon is shining on my face and it feels slow
I’m just thinking in every place we were
Kissing us each other here or there
And I can’t understand why we broke up in that snow

Something in my mind it’s cleaning my soul
Meanwhile I walk in circles like a shaken bowl
You are not here and I can’t complain
Because it was my fault and I’m paying

I think you’ve always told me about our fight
But inside me I couldn’t let you watch my own light
It’s time to pick me up off the floor
And place to knock again your door
Even if you won’t open your wounded heart tonight

I’ve been lost, I guess, in a terrible ocean of doom
Something, somewhere, had told me long ago that I boom
But the deep truth is I need you
Even when I can’t hold you
And when I still remain thinking of your own sunny room
Dragonflies Fortune.

Nothing else to discover
Nothing matters without an explanation
And the bushes and the dragonflies play together
Within a symbiotic love´s recreation.

A peasent has been sent to you
Looking for the golden, narrow path
To lead the love arrows into you
To let you remember better days to add.

A shining stunt has become the destiny
Joyfully playing with the mind games
And a scenario of watercolors to kneel
Has been playing with our lover´s names.

Houses of desire, almost forehead
Temples of wishes, without frontiers
And a very bad couple of memories from our heads
Leads peace treaties in the struggle for the beginnings.

Everywhere mankind looks for
Just cannot replace the truthly happy moments
In which man and woman close their door
And reach out the hoped sky they´ve sent.

Making of a stage where say “I belong to”
Building a courageous wall of feelings
The recreative dragonfly´s garden is big enough too
If you compare it with a situation without meaning.

As a worm dives in dust and sand
I´d like to have an important exploration
Inside the packet of secrets you have in hand
But you´d never let go out for my inspiration.

POETRY AGAIN...

LE GENESIS… THE CURSE OF HUMANITY


En el tiempo preciso, pretérito e inagotable,
En un instante precioso, lleno de luz y sombra,
Surgió aquel que en dos piernas daría honra.

Fue Dios, Él mismo, quien le hizo insuperable,
A su imagen sagrada, sabia, aunque imperfecto,
Casi a punto de seguir el Cosmos con el intelecto.

Y en medio del todo absoluto, de la nada proverbial,
Surgió hombre – primate, superior, e hijo del Señor,
Adán de nombre, creado para el divino amor.

Nada más y nada menos que planta y animal,
Gobernaría la criatura perfecta en la Tierra,
Si es que a Dios seguía, en armonía y sin guerra.

Las lunas y los soles rodearon el cielo por millones,
Y luz y oscuridad en un alma de incertidumbre mortal,
Confluyeron en tierra como en cielo, en bien como en mal.

El ser humano, fue confundiéndose, y de a borbotones,
Sangró en su interior a causa de su ignorancia,
Así, salvaría su vida, su alma, y allanaría su inconstancia.

El pecado y la virtud, cualidades opuestas, dividieron,
A todo hombre, para una lucha por la destrucción,
De su ser, y acaso también de la Creación.

Según la Biblia, con la serpiente intercambiaron,
La conciencia por la habilidad de pecar,
Y así, hombres ineptos, del Edén nos hicimos echar.