miércoles, 22 de octubre de 2008

HISTORIA BREVE II

Hay que Sentarse en el Agujero Interior

Roger tenía dos guardias muy apuestos y bien vestidos para la ocasión especial que a él tenía como protagonista. Lo habían esposado, sacado de su celda –la número 38, por si a algún aficionado a las quinielas le interesa saberlo- lo habían conducido por el pasillo lateral del Ala 2, y finalmente lo habían dejado en las buenas manos de Mark, el Jefe de la Sección Ejecuciones, quien amistosamente lo convenció que pasar a ser el mono de circo del espectáculo de la muerte, que aguardaban impacientemente 80 testigos de la resolución judicial, era la mejor opción… dolor y consecuente sangrado de la nariz mediantes.
Una vez en la cámara de ejecuciones, que como era costumbre en el Condado de Westville se encontraba totalmente vidriada y separada por un vallado bajo de hierro del resto del auditorio, Roger tuvo la certeza al mirar a su verdugo, de que perogrullesca y estúpidamente no iba a morir, al menos de momento.
La gente que copaba el auditorio, rugía y hablaba de diversos temas ya que, la muerte próxima del bolchevique de turno era ya uno mas de los temas que podían las familias decentes de Charleston dirimir entre amigos o en alguna reunión familiar los domingos de la calurosa primavera, algo así como: “¡Hola John! ¿Cómo estás? ¿Siempre usando esa corbata arrugada para ir al bar de Louis, eh? ¿Viste ayer a los Apalachees apalear a los Medias Rojas? ¡Increíble, cuatro Home Runs en sólo media hora! Casi tan patético como el idiota de Billy Marciano friéndose los sesos anteayer. ¡Nunca vi a un comunista chillar tanto desde que frieron los sesos de Gregory Sullivan el año pasado, ja, ja, ja! Una pena que por tener que ver a ese imbecil me perdí el cuarto de hora libre de almuerzo en la fábrica…” Ya sabe, cosas por el estilo.
Decir auditorio, en este caso, sería mas acertado que expresarse diciendo público ya que, si bien en ambos casos se trataba de gente que asistía al evento, los moribundos suelen empañar con el sudor caliente el vidrio y lejos de verlos, las personas tienden mas a vitorear sus últimos y desfallecientes aullidos.
Volviendo a Roger, éste, luego de que se le desataran los botines y se le quitara cualquier elemento de goma, caucho, o factible de impedir la libertad de correr libremente sin censuras que tiene la electricidad por los cuerpos judicialmente destinados, se encontró felizmente situado junto a una especie de asiento de avión muy incómodo. Esperándolo con una no visible pero sostenida y muy perceptible sonrisa, estaba el encapuchado o, en la jerga carcelaria, La Parca. Parecía del Ku Klux Klan, con su capucha cónica… negra, como aquella calurosa noche. Algo le decía a Roger que la muchedumbre que arrojaba palabras certeras como Comunista de Mierda, Rojo Marica, Siervo del Diablo Rojo, Traidor, Miserable, Maldito Miserable, Maldito Puerco Miserable y Gusano Hereje, y otras delicias mas, no lo apreciaba demasiado que se dijera. Aunque ser popular entre los sureños no era su razón de vivir precisamente.
Los fusibles saltaron por vez primera. Era la señal que aguardaba el “freidor de sesos” para obligarlo tiernamente con un escupitajo recto y directo al rostro a que se sentara en el trono de la muerte.
Luego del prolegómeno, que incluía las palabras del reverendo Le Fleur, el atado firme e inmovilizante de piernas, pies, manos y brazos, y el trato cordial y siempre bien ponderado de los guardias de turno, Roger Travis decidió hablar antes de que se le introdujera el absurdo protector bucal (¿Por qué alguien que va a morir electrocutado necesitaría un protector bucal? ¿A quién mierda le importaría preservar sus dientes?).
- Pronostico que no moriré electrocutado este día. No sólo porque la palanca se atascará, sino porque Dios sabe que soy inocente. Es mas… probaré mi inocencia acerca de los cargos que se me imputan alegando que el Señor me salvará, como a Daniel de entre los leones del foso -
Silencio de muerte en todo el lugar.
Súbitamente, mientras tanto el reverendo Le Fleur como el Jefe de Sección y la mitad de las personas invitadas al feliz evento vociferaban maldiciones contra el hereje y sucio bastardo comunista que blasfemaba como un cerdo pecaminoso (o al menos algo por el estilo), la otra mitad –debido al conocido cristianismo devoto, casi fanático, de Charleston- se acongojaba, se persignaba, rezaba velozmente unos Glorias y Padrenuestros para conjurar el Mal o para pedir por el alma extraviada del futuro muerto.
El caso es que, tras un silencio que se produjo con dificultad en el lapso de más o menos quince minutos, la sentencia fue a ejecutarse… sorpresivamente.
Sin explicar si era la falta de fuerza o qué motivo, el verdugo no pudo bajar la palanca para permitir el paso de la corriente a través de los cables principales alojados en la columna vertebral de Roger. La palanca, como éste predijo, parecía atascada.
Si bien el artefacto se desatoró y la gente suspiró aliviada (y no porque les fuera a pasar nada a ellos), un guardia comprobó que los fusibles que debían en ese instante estar permitiendo la libre circulación de electricidad por el cuerpo de Travis, estaban quemados por completo, fundidos, o recalentados… Roger no podría ser electrocutado allí.
La gente enmudeció con la noticia. Hubo cabezas gachas y sombreros quitados de las cabezas. Los guardias y hasta el Jefe de Sección comenzaron a preguntarse cosas. Quizá Roger quería o de hecho, iba a ser salvado por nada más ni menos que el Señor en persona. Quizá Dios había establecido, por otro de sus misteriosos caminos, que la inocencia del comunista a ejecutar fuera evidenciada por la comunidad. Tal vez Roger era algo así como un elegido o protegido de Dios, por alguna razón que los mortales no podían comprender.
Quizá, mientras Mark ordenaba que, hasta que se sustituyeran o arreglaran los fusibles y circuitos del artefacto, Roger Travis sería devuelto a su celda, nadie se diera cuenta que la sonrisa franca y alegre del casi muerto se justificaba con un par de tuercas y un cable corto y medio pelado que retenía en su mano izquierda, muy recientemente arrancado.
Probablemente nadie hubiera predicho, ni el mismo Travis, que el reverendo sacaría un arma de entre las ropas del guardia a su izquierda y ante todos los testigos habidos y por haber le asestara cuatro balazos en el pecho al condenado y dos a la pared por falta de práctica, dejándolo morir casi al instante con su sonrisa de liberadora vida nueva aún flotando en su cara ensangrentada. Mucho menos, alguien hubiera dicho que en algún instante el reverendo Le Fleur, siempre tan flemático y amoroso, exclamaría luego del anonadante homicidio que si alguien tenía que confesar que en verdad había oído el llamado liberador del Señor, era él.
CODE

I just need to touch you
I only have to blend you
On your knees… at me.
I just need to let you
Make me your slave to you
Just for fun… it could be.

I have to let you understand
My tricks to enjoy in the sand
Without fears… just being bad.
I have to make simply stand
Bending your love like in a band
Do not run… I’m being bad.

I should convince you about
The right way to make you freak out
Getting you here… by my side.
I should treat you well and without
False reasons to knock out
Your lovely sun… at your side.

I realize we can enjoy the night
Spending our time together in a fight
Of accused tears… diving around.
I realize we can’t lose in sight
All the power in our kisses tonight
And the promise done… love is a sound.

Don’t try to miss my code
I’ll make my love touch you
Every little part of your body’s ode
I’ll thank God just for know you.

I’m so glad to teach you
A thousand ways to kiss you
From your ears… to your feet.
I’m so happy discovering you
Leading my mouth across you
When I’ve gone… I’ve couldn’t it?

I’m surprised of all your skills
Of your naughty and lovely wheels
Roaming on here… making a glove.
I’m surprised and proud of my bill
It’s the best way your tongue is still
Licking… making love.

Code, code, code
Code name in a rainstorm
Code to spell out loud and inform
Code, code of high pleasure dome
Code for every touch indoor
And a code to make love by our own.
Even If I…

The night is cold and I have nowhere to go
The moon is shining on my face and it feels slow
I’m just thinking in every place we were
Kissing us each other here or there
And I can’t understand why we broke up in that snow

Something in my mind it’s cleaning my soul
Meanwhile I walk in circles like a shaken bowl
You are not here and I can’t complain
Because it was my fault and I’m paying

I think you’ve always told me about our fight
But inside me I couldn’t let you watch my own light
It’s time to pick me up off the floor
And place to knock again your door
Even if you won’t open your wounded heart tonight

I’ve been lost, I guess, in a terrible ocean of doom
Something, somewhere, had told me long ago that I boom
But the deep truth is I need you
Even when I can’t hold you
And when I still remain thinking of your own sunny room
Dragonflies Fortune.

Nothing else to discover
Nothing matters without an explanation
And the bushes and the dragonflies play together
Within a symbiotic love´s recreation.

A peasent has been sent to you
Looking for the golden, narrow path
To lead the love arrows into you
To let you remember better days to add.

A shining stunt has become the destiny
Joyfully playing with the mind games
And a scenario of watercolors to kneel
Has been playing with our lover´s names.

Houses of desire, almost forehead
Temples of wishes, without frontiers
And a very bad couple of memories from our heads
Leads peace treaties in the struggle for the beginnings.

Everywhere mankind looks for
Just cannot replace the truthly happy moments
In which man and woman close their door
And reach out the hoped sky they´ve sent.

Making of a stage where say “I belong to”
Building a courageous wall of feelings
The recreative dragonfly´s garden is big enough too
If you compare it with a situation without meaning.

As a worm dives in dust and sand
I´d like to have an important exploration
Inside the packet of secrets you have in hand
But you´d never let go out for my inspiration.

POETRY AGAIN...

LE GENESIS… THE CURSE OF HUMANITY


En el tiempo preciso, pretérito e inagotable,
En un instante precioso, lleno de luz y sombra,
Surgió aquel que en dos piernas daría honra.

Fue Dios, Él mismo, quien le hizo insuperable,
A su imagen sagrada, sabia, aunque imperfecto,
Casi a punto de seguir el Cosmos con el intelecto.

Y en medio del todo absoluto, de la nada proverbial,
Surgió hombre – primate, superior, e hijo del Señor,
Adán de nombre, creado para el divino amor.

Nada más y nada menos que planta y animal,
Gobernaría la criatura perfecta en la Tierra,
Si es que a Dios seguía, en armonía y sin guerra.

Las lunas y los soles rodearon el cielo por millones,
Y luz y oscuridad en un alma de incertidumbre mortal,
Confluyeron en tierra como en cielo, en bien como en mal.

El ser humano, fue confundiéndose, y de a borbotones,
Sangró en su interior a causa de su ignorancia,
Así, salvaría su vida, su alma, y allanaría su inconstancia.

El pecado y la virtud, cualidades opuestas, dividieron,
A todo hombre, para una lucha por la destrucción,
De su ser, y acaso también de la Creación.

Según la Biblia, con la serpiente intercambiaron,
La conciencia por la habilidad de pecar,
Y así, hombres ineptos, del Edén nos hicimos echar.

miércoles, 18 de junio de 2008

RELATO... PARA QUE LO PIENSEN BIEN

FREUDIANA


- ¿Por qué eligió ser psicólogo?
- ¿Acaso importa?
- Si, bah… no sé. En realidad, no… y sí, también ¿vio? Usted me conoce. Una gran cantidad de problemas endometriales de mi marote se deben a que es como que sé pero a la vez no sé… ¿Me explico?
- Y… si Usted no lo sabe… qué se yo, Martínez.
- ¿Cómo que “qué se yo”? ¿Esa es la respuesta brillante a mi dilema? ¿La conclusión a la que arriba tras dos semanas y tres años de auscultación exhaustiva de mi gnosis no cognisciente?
- Tranquilo, hombre… no se altere y escuche. Todos los pasos de la terapia que durante todo este tiempo hemos pasado, tienen sus tiempos. De esa manera, el trabajo que Usted y yo hagamos podrá adecuarse, si se quiere, a los tiempos que su inconsciente requiere para irse depurando ¿vio? para ir aflojándose la barrera represora que sus propios mecanismos y estructuras de defensa han ido montando, y que sólo logran que no se domine, no progrese en la vida, y lo terminan bajoneando, Martínez.
- Y si el inconsciente, con la barrera represora, los complejos arquetípicos, las pulsiones y toda la bazofia esa, sigue siendo un inconsciente… ¿Cuánto tiempo le toma al Yo que es consciente, contactarse con el Ello, mandarle un SMS al Súperyo, y volver a ser consciente?
- Mire, Martínez. No se trata de una fórmula matemática la terapia. Todo paciente tiene su tiempo, porque, al igual que Usted, todas las personas tienen sus propios tiempos psicológicos, y por ende, sus inconscientes son distintos.
- ¿Y si no me curo nunca, Doctor?
- El inconsciente no es ninguna enfermedad, Martínez. No se cura. Uno puede, mediante el tratamiento, resolver muchos conflictos internos, cuya, perdonando la expresión, razón de ser, se encuentra en el inconsciente ¿Me explico?
- Se explica Doctor. Pero, si reviso ahora lo que he resuelto de mi vida en estos años… me vuelvo loco.
- A ver, Martínez. Haciendo algo de memoria ¿Qué resolvió?
- Uhmmm… Dejé de persignarme cuando veía el gato negro de mi vecino… no digo mis “palabras mágicas” antes de acostarme con mi mujer… no camino por las baldosas de la vereda del Banco Nación en puntitas de pie… no me lavo las manos cuatro veces antes de salir y ocho veces al volver de la calle… y, hasta ahí llegué, Doctor.
- ¿Le parece poco, Martínez? Piense que cada acto que Usted realiza, o que realizaba, con esos ritos, compulsiones, y ejercicios casi obsesivos/compulsivos, tiene un significado que respondía a una necesidad o carencia de sentido y respuesta propios de su inconsciente. En otras palabras, el que Usted ya no haga esas y otras cosas, implica que puede controlar su propia responsabilidad, consciente, de ayudarse a sí mismo, Martínez.
- Pero igual me siento como el culo, Doctor.
- Considero que es un trance… aceptable de adaptación, Martínez.
- ¿Es bueno sentirme como el culo, no poder dormir, llorar sin motivo, tener necesidad de gritar desde la terraza, Doctor?
- ¡Obvio, Martínez! Piense que, aunque la superficie de su realidad consciente no lo note seguido, su subconsciente ha ido siendo… “tocado”, removido, auscultado, Martínez. Si bien es posible que los dilemas esenciales de su vida, aún no se hayan resuelto, el despertar los basamentos de algo muy profundo, muy hondamente aferrado a su Ello, hacen aflorar muchos sentimientos o sensaciones: culpa, miedo, angustia, inseguridad, puede que incluso surjan nuevos mecanismos de defensa ante los cambios que lleven a su mente a crear mecanismos represivos adicionales temporales y adquirentes.
- Y eso… ¿Cómo se relaciona con lo que me pasa? ¿Qué carajo tiene que ver?
- A ver, Martínez… Es probable y entendible que sienta culpa por derribar los mecanismos de su mente. Piense que, en definitiva, los mismos han sido una creación que, conscientemente ahora, ya ha descubierto que le son suyas, de su propiedad.; es lógico imaginar que no se suele matar al perro que se tiene, por mas malo que sea, porque nos pertenece ¿Me explico?
- Si, va bien, Doctor.
- A su vez, su subconsciente, profundo y repleto de insondables elementos y prácticas pseudo instintivas, que en definitiva han sido mal aprehendidas por Usted, tiene aprisionadas muchas verdades, temores oscuros y vergonzosos, tretas que se ha diagramado para sí mismo. El subconsciente, que no es mas que el resultado del Ello que ha ido formando en esencia la parte no consciente del Yo con las reacciones y libelos de aprendizaje mas instintivos, con sus mil vericuetos y mecanismos de organización y estructuración de su ser, inclusive su ser cotidiano, reacciona al movimiento de sus bases con un sentimiento de angustia o de temor inexplicable.
Es racional, y razonable, que impere en Usted el preciso y coherente acto de la Observancia. Revea Usted mismo cómo es que la angustia lo puede, cómo el miedo le impide avanzar y progresar para convertirlo en una bazofia humana, Martínez.
- ¿Qué me propone entonces, Doctor?
- Primero, que se mentalice que su angustia es normal y se justifica en tanto su mente aún no se ha depurado de la manera que se quisiera, pero está sintiendo el paulatino ir y venir del trabajo de introspección y análisis terapéutico. Luego, debe saber que es perfectamente normal que la angustia se presente, debido a que Usted está, figurativamente hablando, cometiendo un lento pero necesario recambio en las formas de aprendizaje y estructuración de la mente, lo que para el inconsciente vale como un suicidio de la necrognosis. Usted, comienza a quitar la “carne muerta”, lo que no le sirve y le jode la vida, lo que le afecta hasta en la pelotudez más cotidiana, Martínez… y eso es bueno. Despreocúpese y déjese llevar por el camino de la terapia, si quiere resolver de a poco y con sus tiempos, los dilemas que Usted pueda llegar a resolver.
- Me pregunto entonces qué me pasará con lo que no pueda ir resolviendo, Doctor.
- Usted no se preocupe que vamos muy bien con la terapia. Igual, es sabido que nadie soluciona todos sus problemas, porque, primero, no se ha descubierto forma alguna de analizar todos y cada uno de los elementos constitutivos del inconsciente / subconsciente; segundo, le llevaría toda la vida tratar de no enloquecerse en pos de lograr lo antes mencionado, y le impediría vivir, disfrutar de lo cotidiano, hacer y planificar hasta lo mas sencillo si se quiere, Martínez.
- Entonces, fuera de joda, no existe una solución segura ni perfecta para nada de lo que me pasa, Doctor.
- Tranquilo, Martínez, porque es normal que su fatalismo resurja ante estos descubrimientos.
Igual, por hoy… dejamos acá.

sábado, 7 de junio de 2008

MORE POETRY

HIPERESTESIA

No estoy hablando de un instante preciso
Pretendo escuchar de a poco lo que aun oyes
Tampoco es que me encuentre indeciso
Pero espero que a tu modo logres también ver

Es un amanecer algo distinto, algo diferente
Parecería que el espejo celeste se ha tornado violáceo
Noté, eso sí, desde el principio que la gente
No captaba a tiempo aquel hermoso topacio

La osadía que aquel cenit supo mostrar
No es algo común y corriente hoy por hoy
Me alegré, entonces, que te decidiste a no llorar
Y pudiste contemplar el arco iris donde voy

Verdes, no marrones; rojos, no azules
Logotipos y tonos cromáticamente afines pululan
El retorno de nuestros guerreros ópticos muy útiles
Harán saber a nuestras almas que hay hojas que circulan

Viento, agua, fuego, Maderas de Oriente
Se mezclan en una mágica fiesta de los sentidos
¿Resultará respetablemente irrespetuoso que nos oriente
La brisa cumbre de tus cabellos de sol, a los dos?

Los prados no están tan lejos como parece
Esperanzado en ti y en tu amor etéreo te espero
Aguardaré en mil hierbas color esmeralda acercarse
A mi joven amante de cabello líquido como estero

Mirada blanca y boca inusitada por el amor
No creo necesitar más de una mujer
Aun así, la naturaleza circunda de clamor
Todo aquel espacio sagrado que atreves a tejer

El sueño no perece en tus brazos de columpio
Que me hamacan cíclicos junto a las hojas
Y que en lento canto de jovencita, limpio
Me llevarían sin sentido cuando te enojas

Mas abetos, más robles donde quiera que vayas
Suponte que de pronto luchas conmigo en la espesura
¿Subirás, si te pido, al álamo robusto, aquel sin fallas
Tan perfecto, casi hecho para albergar tu hermosura?

Y hablando de belleza y de la pasión que desatas
Cómo es que logras que te ame, aun no entiendo
¿Será que acaso me encandilaste y ahora me atas
A un hechizo puro y adolescente, como de suave aliento?

domingo, 13 de abril de 2008

POETRY OR LYRICS, JUST LIKE THAT

M. M. y sus Manos en Mí.

No me anestesies porque me quiero escapar
Importa poco si me querés matar
Luego de trabajar en tus formas
Beberé del licor que tomas
Basta ya con tratarme de clausurar.

El juego me entretiene y me convierte
Tenés algo nuevo, dulce, algo que pervierte
No te sientes sólo para contemplar
Me gustaría que te animes a jugar
Pues mis manos solas no pueden sostenerte.

Enfoco hacia vos todo el plexo solar
Te conozco, te descubro, y querés ambular
Me abro a recibir una lengua sacramental
Luchando te ofrezco una resistencia paranormal
Si tus dedos me quieren hacer volar.

Las manos santas, puras, tan sucias de mí
María Magdalena, santa sin castidad por aquí
Sos mi guía nocturna del insomnio
Sos causa y efecto de mi manicomnio
Locura por vos, mi perversa doncella, pasión pro tí.

Ilusión, tirame un hueso de tu vestido por el suelo, amor.
Noqueame, orando a Dios para no fallar en cada duelo.
Te veo flotar, delirar, gemir y llorar, y no resuelvo
¿Qué debo hacer para aumentar en vos ese deseo?
Parte del Karma (eso espero)

Un golpe bajo y una Clave de Sol,
Una tierna demostración,
Y una especie de laberinto que no descifro sin vos.

Mi instrumento sensible al clima y al sol
No me explica qué canción
Debe cantarse cuando te veo y no tengo voz.

El regalo de unos dorados hilos de seda,
Unos rubíes algo húmedos,
2 perlas verdes y grises como humo en foco.

Una fuga casi traicionera y desvelada,
No me la explican Los Endos,
Ni las palabras que parecen las de un loco.

Fumé un poco de aquello que no te gusta
Supongo que ahora no me discutirás
Y menos si ya no te importa.

Mota y pinta, una libra de ostia,
Me devuelve al presente en que te vas,
Y ya no sé que juego la hace corta.

Tirame un par de luces y un dormitorio de recuerdo,
Mientras juego a no querer tocarte y apenas vivo.
Esto no es parte del Karma (eso espero).
Iguales caras dobles y monedas falsas para alguien cuerdo,
No combinan con mis ideas y pienso que ya no sirvo.
Para tu amor, que es casi un arma (o al menos eso no quiero).

La noche cae lenta y me duele como nunca,
Como si lo hiciera a propósito,
Para molestar mis pesadillas soñándote.

No duermo si te imagino, estoy de la nuca,
No como ni bebo, pero soy un depósito
De turbulencias psicóticas tan sólo esperándote.

Y el trago largo que beberías en la cama,
No aparece en el menú de mis deseos,
Porque del amor ya no querés participar.

Nadie dijo que es un juego que todos aman,
Ni que para amar debe haber varios preceptos,
Pero al espejo sin tu reflejo no le pidas soportar.

Me veo flotando y gimiendo sin ubicación,
Te noto ausente y firme,
Como el puñal pasional que me hirió ayer.

Hubo un tiempo de gozosa sensación,
Donde cada estación del año era inerme
Pero estaba sólo en la cabeza, sin poderse ver.

REALITIES OF RARITIES (FICTIONAL STORY BOARDS)

LA COCINA DE LA FIESTA

Ana Laura cocinaba con una apacible visión, producto, fundamentalmente de su apacible vida y del tranquilo y muy manso pollo al spiedo, ya por la quinta vuelta lenta. En el ínterin tuvo en mente abrir la ventana, por cierto exageradamente grande para las dimensiones del cuarto, a fin de poder ventilar el ambiente de la baranda imbancable a pollo y a papas fritas que se había acumulado a su alrededor.
No lo vio. Casi de la nada, y por la misma ventana, casi como si lo hubiera adivinado, Ana Laura fue brutalmente sorprendida por un sujeto que, de un salto, se le abalanzó a través de la ventana de para en par, volteándola al suelo y cayendo éste sobre la desprevenida mujer.
Metro ochenta de altura, vestido de negro de pies a cabeza, con un pasamontañas haciendo juego, ojos celestes vítreos a lo Klaus Kinski… era demasiado para que la víctima no gritara, sudara, se desesperara, llorara, y cerrara los ojos esperando que todo fuera una broma de la mente.
El final se acercaba, presintió Ana Laura. Desde una cartuchera muy larga, un treinta y ocho con la que el sujeto estaba calzado, es asida por su diestra y apuntada al techo.
Un instante, un suspiro, un respiro, y una mirada extraña (y desconocidamente conocida) de parte del “homo terribilis” encima de la señorita.
Los disparos buscaron el techo, como intentando dar una nota de alegría a la situación, y al pleno grito de - ¡Feliz Cumpleaños, Carajo! - mas tiros al aire a lo mejicano, aunque sin el consabido aullido tan característico en estos casos, sonaron como una burla para la joven.
La salutación por su natalicio número 30, se repitió en voz más baja, con la mirada del encapuchado clavada en la de una no tan asustada (ahora) cumpleañera. Mientras, efecto del esfuerzo de desacostumbrado atletismo del salto por una ventana, jadeaba el hombre, repitió el saludo, aunque agregando un rarísimo - ¿No me reconocés, Ana Laura?
Con más elementos para poder distinguir al imaginativo sujeto con que Ana Laura se había casado hacía tres años, no hubo más respuesta que alzar una tapa de olla que tenía en la mano antes de caer al suelo, y destrozarla en la moldeable mollera de Juan Ignacio.
¡Ay, ay, ay, ay, ay te faltó nomás, pelotudo! ¡Encima que me cagué en las patas, el pollo para la cena de dentro de un rato se me quemó por tu culpa, idiota!

POP ART

De repente, la vio entre medio de dos obras de Tøre Flogersson. Fue casi inmediata su reacción de asombro, o en realidad, su sensación de que ella simplemente no encajaba en lo absoluto en el contexto espacial y cultural en el que, por alguna extraña y desconocida jugada del azar presente en el universo, se encontraban ellos dos solos en metros y metros cuadrados, luminosos pero vacíos (al menos, de personas). Desde un banco cómodo, de una sola pieza, blanco marmolado, elaborado con un criterio claramente minimalista, a unos pocos metros detrás de la jovencita, el señor Stepeniak, con un habitual y generosamente elegante amalgama de conjunto de saco café con leche, camisa de seda, pañuelo a tono con el pantalón impecable de sarga, miraba detallista y muy intrigado de arriba abajo a la joven que, a su vez, no ocultaba su interés permanente en un retrato especialmente suave y de gran calidad del principal expositor, a la par que arruinaba su apostura para pegar un aparente chicle (verde limón, por el color) debajo de un banco igual al usado por el sujeto.
Por alguna desmotivada idea, fruto de un ocioso acto de absorta observancia de la muchacha, a Stepeniak (Jorge Stepeniak, de hecho) le surgió de improviso levantarse de su minimalista asiento e ir a departir con la joven, aunque fuera del clima.
En este caso, debido a no se sabe qué extraña costumbre, bastante inmadura por cierto, la joven a la cual se sentó al lado Stepeniak, iba vestida con diversos elementos bastante disonantes entre sí: medias finas y estilizadas de encaje, zapatillas deportivas, una pollera corta de jean, blusa oscura y rasgada con algún cierto grado de intensión creativa no muy clara; y por lógica, su cabello era muy brillante y oscuro, de rulos imperceptibles, y su maquillaje notoriamente reforzado por saturación y por la palidez enfermiza la asemejaba un tanto a la Morticia Addams de Angélica Houston. De buen ojo, tanto para el arte como para la ropa o indumentaria, Jorge se percató que la discrepancia insultante de la ropa de su nueva vecina en el museo, era proporcional directamente a la marca de la indumentaria: medias finas que (además de ser Cocot “Gatopardo”) enfundaban poco menos que la envidia de Andrea Frigerio, las zapatillas no bajarían los US$ 250 en cualquier zapatería decente, la pollera y la campera eran así también de marca y costosas por seguro, y entre otros detalles, intuía que el make-up, perfume, y enseres femeninos a la vista, por lo menos eran unos US$ 370 de buen Révlon. La conclusión a la que arribó es que, probablemente, fuera una especie histriónica de hippie con desvaríos nostálgicos del Di Tella (que por edad, seguramente nunca hubiera conocido ni de nombre), y que dinero no le faltaba en su “bohemia”.
Sin embargo, tal como habría hecho en otros casos, decidió Stepeniak romper un delgado hielo que les separaba para responder a varias preguntas que en su mente rondaban. Poco original, mas ante la increíblemente constante mirada fija de la joven en el cuadro, no se le ocurrió preguntar mucho al hombre.
- Disculpe, no, señorita, pero… me preguntaba si… era… admiradora de la obra del maestro Flogersson – y enmudeció con un silencio sin respuesta de alguien que ni osaba mirarlo.
La pregunta, quizá por triste experiencia, suscitó en la joven algo similar a lo que otras de su edad sienten cuando, en un pub o discoteca, un hombre les pregunta si van allí siempre o no, en plan de algo parecido a una versión distorsionada de galanteo.
Respondió: - De hecho, no tengo ni idea de quien es. Debe ser bueno… por el cuadro en sí, que es lo que me lleva a mirarlo a él y no a vos, por ejemplo –
Eso era cortante como pocas cosas; pero Jorge siguió preguntando tonterías que, al parecer no brotaban de sus labios con mucha dificultad, como si estuviera acostumbrado a hacerlo con regularidad, sólo que ahora vinculadas al cuadro en sí, con las que al menos, no hubo roces ni insultos subterfugios. A unos minutos de iniciada la conversación, el hombre preguntó el nombre de la joven.
- Aranzazú – por primera vez desatendió el cuadro y lo miró con frialdad, frente a frente sentados – Kesselring – agregó.
- ¿Kesselring? – repitió Jorge, y adivinó como si lo hubiera sabido - ¡Ah! ¿Por casualidad es Usted pariente de Rafael Isaac Kesselring, el dueño del restaurante Ompteda? –
- En efecto – de brazos cruzados, pero aún así mas abierta, prosiguió – en realidad de “los” Ompteda. Vos me supongo sabrás… el de Alvear, el de Gorriti casi Newbery, el de Avenida de los Incas… Si, es mi tío – cerró extrañada. A su vez, preguntó: - Vos no habías dicho tu nombre ¿O sí? –
Siendo usualmente muy cortés, la observación le forzó a Jorge a dar su nombre completo, su título de escribano, y su domicilio (bastante oneroso) de Virrey del Pino casi Cabildo.
Ya esbozando una sonrisa, cruzando con notabilísima femineidad las piernas, e inclinándose para agarrarse del banco, Aranzazu habló de nuevo: - ¿Por qué se acercó hasta aquí a conversarme? Es decir, se te veía muy cómodo a unos… once o doce metros del banco que ahora compartimos –
Ante la perspectiva de que esa pregunta fuera una indirecta forma de recordarle una adecuada distancia, Jorge optó por creer ante todo que Aranzazu era humana, dado que, a once o doce metros y todo, se había percatado de su existencia. Así, él contestó: - En realidad… no sé a cuento de qué intenté hablar con usted, señorita Kesselring –
- Tuteame, Jorge – interrumpió la joven.
- Bueno… a hablar con vos. Creo que fue el ambiente y… no sé, la verdad – sonando algo lastimero.
- Yo sí sé – surgió explicativa, casi didáctica, Aranzazú (asombro del hombre). – Me ves así y no encajo en un museo ¿no? –
Con franqueza, el hombre asintió con la cabeza, y pareció distenderse.
- Decime algo… Me viste, ¿no?, y ¿con qué onda te pensaste que curtía? – acotó la joven.
- Siéndote franco, no me decidía entre un… estilo un poco dark o algo de hippie ¿Te es importante como me hayas parecido? – dijo suelto Stepeniak, con mirada y gesto atento.
- Las primeras impresiones cuentan de una siempre, y en todo, Jorge – exclamó abiertamente. – El problema se suscita cuando se pretende encasillar algo o alguien dentro de un estilo, un look... –
Quizá extrañado por su contestación (mas por la supuesta claridad de pensamiento demostrada que por otra cosa), Jorge atinó a preguntar qué intentaba decirle la joven.
- ¿Viste bien, es decir, con todos los sentidos, este cuadro justo frente a nosotros, Jorge?- ante la afirmativa del hombre, Kesselring cerró la charla: - Bueno, es algo… similar. Para determinadas personas, es mejor que se lo mire a unos once o doce metros después de un tiempo de contacto prudencial -.